El intestino, nuestro segundo cerebro

¿Cómo están conectados el cerebro y el intestino?

El intestino y el cerebro están conectados tanto física como químicamente. El nervio vago es uno de los 12 nervios craneales que conectan el cerebro con diferentes partes del cuerpo. Va desde el tronco del encéfalo hasta parte del colon. El nervio vago supervisa una variedad de funciones y comunica impulsos sensoriales y motores a todos los órganos del cuerpo, incluido el intestino. Es el más grande de los nervios que conectan el intestino y el cerebro y envía señales en ambas direcciones.

El cerebro y el intestino también están conectados por neurotransmisores, sustancias químicas ubicadas en la punta de las fibras nerviosas. De hecho, los dos sistemas nerviosos (el periférico, compuesto por todos los nervios que se ramifican desde la médula espinal y se extienden a todas las partes del cuerpo y el sistema nervioso central, que está formado por el cerebro y la medula espinal) dependen y comparten el mismo tipo de neurotransmisores y neuronas para facilitar la comunicación.

Por ejemplo, la serotonina, a veces llamada la “hormona de la felicidad” porque contribuye a la sensación de felicidad y bienestar, se produce tanto en el cerebro como en el intestino, pero la mayoría (casi el 95%) se produce en el intestino. El ácido gamma-aminobutírico (GABA), un neurotransmisor que ayuda a regular la actividad cerebral y puede controlar los sentimientos de ansiedad, también se produce en el intestino.

La conexión intestino-cerebro también existe a través del sistema inmunológico. Nuestra microbiota intestinal influye en el desarrollo del sistema inmunológico y puede regular las células inmunológicas que viven tanto en el intestino como en el cerebro. También se ha demostrado que el sistema inmunológico es una ruta de comunicación importante en la conexión intestino-cerebro, como una carretera alternativa para recibir mensajes importantes del punto A al punto B.

Además, un sistema inmunológico con exceso de trabajo puede provocar altos niveles de inflamación. La inflamación se ha asociado con una serie de trastornos cerebrales, que incluyen depresión, demencia y Alzheimer.

Por eso si alguna vez sentiste mariposas en el estómago cuando estabas nerviosa o tomaste una decisión basada en un presentimiento, ya sabes que la conexión cerebro-intestino es real. El tracto gastrointestinal es sensible a las emociones y los sentimientos, como la rabia, la alegría y la ansiedad, se pueden sentir en el intestino incluso antes de que tengamos la oportunidad de procesarlos emocionalmente por completo y darle nombre al sentimiento.

En conclusión, cuando se trata de curar un intestino estresado, es importante considerar qué roles pueden desempeñar la emoción y el estrés, particularmente cuando un problema gastrointestinal no puede rastrearse hasta una razón física.

Gracias por leer!

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